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Identificar y tratar la depresión mejora la calidad de vida de los pacientes con ictus
Una publicación reciente describe que identificar lo antes posible este trastorno mejora la calidad de vida de los enfermos con ictus. La depresión es probablemente una de las complicaciones más ignoradas en los pacientes que han sufrido un ictus. La prevalencia varía entre un 20 y un 50% en el primer año de haber sufrido la enfermedad, siendo su aparición más frecuente hacia el sexto mes.
La depresión puede influir en el retraso de la recuperación motora en los pacientes con ictus. Otros estudios realizados con pacientes con ictus concluyen unos resultados funcionales y de calidad de vida inferiores en los enfermos con depresión.
La fisiopatología todavía no es demasiado conocida, pero se deben tener en cuenta las diferentes manifestaciones clínicas que en su conjunto dan la alerta y la necesidad de un tratamiento específico. El triage clínico se hace más difícil cuando existen alteraciones del lenguaje y deterioro cognitivo.
Las manifestaciones pueden ser diversas: irritabilidad, apatía, pérdida de peso rápido en un mes sin hacer dieta, falta de hambre, angustia, alteraciones del sueño, alteraciones en el comportamiento -desde euforia o excesiva desinhibición a labilidad emocional excesiva-, ideas de muerte o suicidio, alucinaciones, etc. Se considera depresión mayor la existencia de cinco o más de estas manifestaciones y depresión menor a partir de tres síntomas. En los dos casos se hace necesaria la consulta con el especialista médico.
Parece indiscutible la incidencia de la depresión en el pronóstico del ictus, tanto para aumentar la recuperación funcional, en la prevención de recurrencia del ictus, así como para aumentar la supervivencia de los pacientes y disminuir la mortalidad. Identificar lo antes posible este trastorno cognitivo mejora la calidad de vida de en los enfermos con ictus.
(Rima M. Top Stroke Rehabilil. 2008; 15(1):13-21)
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